CHUPETE ¡NO TE NECESITO! | Nuestra Escuela Garabatos
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      En nuestra cultura, el uso del chupete es algo tan habitual y aceptado, que lo que nos sorprende, es ver a algún bebé que no lo use. De hecho, hay padres que se esfuerzan para que el niño acepte el chupete, aun cuando pueda haber un rechazo inicial.

MOTIVOS PARA QUITAR EL CHUPETE

 

  • El niño desarrolla su capacidad para relajarse por sí mismo, mucho antes de lo que los padres imaginan. Usar prolongadamente el chupete, es un hábito que estimula conductas de dependencia de objetos afectivos.
  • Estar succionando un chupete reduce la atención del niño a otros estímulos más interesantes y enriquecedores.
  • El niño que lleva un chupete, reduce la interacción con su entorno, tiene menor intención comunicativa que cuando no lo lleva y ejercita menos los movimientos articulatorios espontáneos, que necesitará después, para comenzar a hablar
  • Tras los primeros meses, el mantenimiento de una higiene adecuada del chupete, se reduce considerablemente.
  • Los niños que no usan chupete tienen menos infecciones de oído.
  • Si se usa durante mucho tiempo y con intensidad, los chupetes pueden causar malformaciones en los dientes y en el paladar. La corrección no es difícil, pero es un tratamiento costoso, económicamente hablando.

       Para algunos padres, estos u otros motivos, no justifican privar al niño de su chupete, por lo que optan por dejar que sean los niños, los que decidan cuándo abandonarlo. Es una opción.
No obstante, para nosotros es preferible ayudar a los niños a abandonar el hábito del chupete, cuando ya no lo necesitan, aunque sigan deseándolo. Si estáis de acuerdo, en esta comunicación os diremos cómo hacerlo, de forma positiva y respetuosa.

¿Cuándo es el momento de dejarlo?

 

       Hay profesionales que defienden que el chupete se debe retirar, antes de que cumplan el primer año. A partir de esta edad el impulso de chupar disminuye, según van aprendiendo nuevas formas de entretenerse y explorar su entorno. Para otros, el margen es más amplio y oscila entre el primer y el tercer año. Más allá de esta edad, su mantenimiento parece mayoritariamente desaconsejado.

       Como vemos, decidir cuándo quitar el chupete, admite cierta flexibilidad, sobre todo si tenemos en cuenta que cada niño y sus familias son diferentes.

ERRORES EDUCATIVOS

 

Lo que NO conviene HACER, con relación al chupete:

 

  • Ofrecer el chupete cuando no lo precisa, por ejemplo, cuando va de paseo, sale del cole, o está jugando tranquilamente.
  • Disponer de varios chupetes.
  • Creer que no conseguirá dejarlo, sin traumatizarse o traumatizarnos.
  • Quitarlo haciéndolo coincidir con momentos estresantes, como cambios importantes en su vida.
  • Enfadarse cuando protesta y se resiste a abandonar el hábito.
  • Quitárselo y volver a dárselo, como si fuera un “quién puede más”.
  • Humillarle, comparándolo con otros niños, que ya han dejado el chupete.
  • Decidles mentiras, como por ejemplo las que oímos, muy a menudo: <<Se lo llevan los Reyes Magos, Papá Noel, el gato, el perro, la bruja o los personajes que se nos ocurran>>, <<Se lo damos a otros que lo necesiten más (¿otros los quieren chupados?)>>, <<Se nos ha perdido>>, <<Se ha puesto enfermo y se ha muerto (el chupete)>>, <<Lo sembramos para que salgan plantas>>…

 

Algunos recursos populares:

 

        Hay padres que buscan la complicidad de algún pediatra, o dentista, para informar “seriamente” al niño de que tiene que dejar el chupete, desde una autoridad profesional, a veces, muy influyente. Hay que tener en cuenta que, aunque se tenga éxito, es a costa de activar el miedo y perjudicar su relación con los temas de salud.

      El sabotaje, es otro de los trucos que practican bastantes familias. Se trata de manipular el chupete, para reducir o eliminar el atractivo que tiene para el niño. Las tácticas varían desde cortar las tetinas, rasparlas, agujerearlas, coser trozos de lana, untarlas con productos cuyo sabor les sea desagradable… Con respecto a estas estrategias, los expertos advierten de que no se debe alterar el chupete de tal manera que se pueda romper en trozos pequeños, por el riesgo de ahogamiento.

       En algunos casos y, propiciado por la moda del “sistema de puntos”, hay familias que confeccionan una tabla en la que registran los progresos diarios en la retirada del chupete. Las pegatinas de colores se van sumando por superar noches sin chupete y los puntos obtenidos, cuando llegan a un número determinado, se cambian por un premio acordado, incluyendo la medalla de campeón.

     Otros han descubierto la existencia del primo del Ratoncito Pérez, el Ratoncito de los chupetes, que se encarga de canjearlos por algún premio, al estilo de su familiar más cercano.

      Aunque hay padres que aplican estas estrategias y nos “venden” que dan resultado, no se dan cuenta de que no son formas positivas ni respetuosas de hacerlo. O dicho de otro modo, cuando las utilizamos no estamos siendo guías emocionalmente inteligentes.

ESTRATEGIAS EDUCATIVAS

 

       Existen dos formas de eliminar el uso del chupete: de una sola vez, o progresivamente, en varias fases.

      Si optas por la forma drástica, asegúrate de que confías en la capacidad de tu hijo para superar la fase de adicción al chupete y de que tú estás preparado para asumir sus conductas de ansiedad, llegado el momento. Si te decides a hacerlo así, dale tu apoyo afectivo y mantente firme en la decisión tomada (si vuelves a darle el chupete, es que no estabas preparado para este paso y empeoraría la situación).

       Si optas por la retirada progresiva sigue estas pautas:

  • No seas tú quien le ofrezca o enseñe el chupete. No lo tengas a la vista. Si lo pide, dáselo, de momento. Pero si alguna vez prescinde de él, no vuelvas a recordárselo. Hay veces que lo superan así de fácil, aunque obviamente no es lo más frecuente….
  • Comienza por limitar el uso del chupete a la casa. Déjalo en ella, en vez de tenerlo disponible para ofrecérselo a la salida del cole, en el parque o en cualquier otro sitio.
  • Cuando esté acostumbrado a usarlo sólo en casa, limítalo a hacerlo exclusivamente en el momento de dormir. Tenlo fuera de su vista y de su alcance. Dáselo sólo si se acuerda de pedirlo.
  • Si se queda dormido con el chupete puesto, quítaselo suavemente, para que pierda la costumbre de tenerlo todo el rato en la boca.
  • Cuando tú estés preparado, es decir, cuando estés disponible, tengas tiempo y suficiente energía, habrá llegado el momento de plantearte ayudar a tu hijo a prescindir del chupete, de forma definitiva.
  • Para que sea el mejor momento, has de considerar que tu hijo esté preparado para afrontarlo. Es decir, que no haya ningún otro acontecimiento estresante en su vida, como estar dejando los pañales, un cambio de casa, el nacimiento de un hermano, una enfermedad, el inicio del cole…
  • Una vez que te has decidido, prepárale contándole lo que va a pasar. Según su edad, puedes implicarle más activamente en el proceso. En esta fase, no intentes convencerle, pues cuando se active su deseo de tenerlo, se borrarán todas las razones que le pudimos dar. Se trata de que anticipe lo que va a pasar y de que estaremos apoyándole.

 

Puedes darle algunas opciones para elegir, de las que tú ya hayas preseleccionado antes.

        Por una parte, resulta interesante la idea de encontrar un “depositario del tesoro” y dar el chupete a alguien cercano (abuelo, tío, amigo…), que lo tenga bajo su custodia y que se lo pueda enseñar al niño, cada vez que vaya a visitarlo.

          Otro recurso son los cuentos, aunque los que tratan esta temática tienden a moralizar, culpabilizar y presionar, más que dar apoyo. Aún así, no descartamos su uso, siempre y cuando se cuenten con sensibilidad y estando de acuerdo con los valores que transmite.

         Finalmente, en Nuestra Escuela Garabatos nos emociona más la idea de colgarlo en nuestro ÁRBOL MÁGICO DE LOS CHUPETES. Este recurso nos parece respetuoso, estimulante y gentil, y está a vuestra disposición. Si queréis conocer cómo lo planteamos, podéis leer el artículo sobre <<El árbol de los chupetes>>, colgado en esta misma página.

SOMOS GUÍAS EMOCIONALMENTE INTELIGENTES

 

          Aunque cada uno es diferente, es muy probable que durante la adaptación al nuevo cambio el niño esté molesto. Por eso, no te dediques a sermonear con los aspectos negativos del uso del chupete. Es preferible centrarse en los positivos. Se trata de que lo entienda como parte de su aprendizaje y crecimiento. Dile que comprendes que le costará conseguirlo, pero que estás seguro de que lo logrará, igual que ha ido teniendo avances desde que nació. Así estimularás su autoestima.

           Asegúrale que tú le vas a ayudar. Claro está que eso significa que tendrás que mentalizarte para no perder la firmeza y la calma, cuando el niño estalle en crisis y te pida gritando y llorando que le devuelvas su chupete. Si le transmites tranquilidad, cariño y confianza, en poco tiempo, lo superará. Estate atento a lo que necesite y ten paciencia.

          Piensa que lo va a conseguir, con toda seguridad. Este pensamiento te ayudará a no tirar la toalla, cuando compruebes lo “movidito” que puede llegar a ser el primer día de privación.

         Presta atención a esos momentos en los que el chupete les reducía la ansiedad. Ofrécele otras formas de calmarse. Por ejemplo, cuéntale cuentos, abrázale, cántale, acaríciale la espalda, ponle música u otro elemento que le procure tranquilidad y le ayude a conciliar el sueño.

        El proceso de deshabituación no suele durar más allá de dos o tres días y el éxito reforzará a la larga, vuestra relación. Vuestro hijo habrá experimentado que puede contar con tu comprensión y apoyo en las situaciones difíciles.

    ¡Ánimo! ¡Confiamos en que lo conseguiréis!